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martes, 26 de febrero de 2019

La identidad es el paraíso: una lectura de "Canto, semilla y son"


En la poesía de Freddy Araque se amansa un lobo. No obstante su aullido se transubstancia; es decir, transforma su materia por intervención divina en cantos de la infancia. Y es que el blues, el góspel y el son cubano, combinados con textos de la sabiduría oriental, rumiados con la seriedad de un hombre que decidió creer que existe algo más que carne, efluvio y osamenta, un enviado hacia los senderos con un morral repleto de cuentos infantiles y lírica universal para la lectura solidaria junto a comunidades de lectores tachirenses, han domeñado la rudeza de lobo juglar, devolviéndole la edénica inocencia.

Con ferocidad de lobo
Te robo un beso de tus labios
Como a caperucita te rapto
Y tacto a tacto
Me amanso a tu piel

Similar al temible lobo sosegado por la bendición de Francisco de Asís, ese hereje infiltrado en la tiranía católica medioeval que rasgó el obscuro velo con su luminosa verdad: “En la naturaleza habita Dios”. Pero conviene advertir que cuando la naturaleza se asume divina los dictámenes de la pasión acaban legitimándose, por lo que se diluye la distancia entre lo profano y lo sagrado. De esto último es consciente la poesía de Freddy.

Ay mi muñeca perdóname
Simplemente soy el kamikaze
Conduciendo este corazón

Georges Bataille, en el libro La literatura y el mal, explica el desarrollo de un complejo psíquico de restitución a la infancia como consecuencia de la entrega absoluta al oficio literario. Algo semejante ocurre en la poesía de Araque. Su canto se despliega como un rasgo constante de la voz lírica que palpita entre imaginarios infantiles y anhelos de adolescente, el texto precisa asirse a otros textos para conformar un lenguaje, entonces acude al uso de una complejas intertextualidades profano-sagradas, como la de un lobo que se amansa bajo el beso de Caperucita Roja, la de Lovespierre (neologismo derivado del personaje Robespierre) que, guillotina en mano, hace que ante su encanto las amantes pierdan la cabeza o aquella en que la interpretación de los sueños de una oruga se resuelve mediante el budismo taoísta a partir del conocido dilema  de Chuang-Tzú en el que la identidad de la mariposa se trastoca por la gracia de la ensoñación.
Pero la imagen más poderosa e insoslayable es la de la abuela-semilla (la nona Jovita) que entre la resistencia y la negociación se abre paso para descubrir el mundo, eso sí, sin perder la raíz, o sea, sus costumbres populares que son una marca perenne de nuestra identidad:

 Sorda a Eddie Cochran
Elvis Presley y Fats Domino
Maliciando de adeptos al evangelio de John Mayall
E imitadores de Alan Freed
Tampoco aquellos días de radio
A nona Jovita iniciaron
En el hard-acid-prog-heavy metal y tanto retoño del rock
Como al aventajado Vytas Brenner



Por lo anterior, la infancia (que deriva en una adolescencia lúdica, proclive a la exploración) y el paraíso (como conjunción de lo profano con lo sagrado) se proyectan hacia un horizonte en el que el sujeto lírico se abre a vivenciar el mundo, con una memoria activa que observa constantemente sus raíces, pero que asimila con decoro las nuevas manifestaciones del siglo, como un árbol injertado de todas las voces del mundo que conserva intacto el tronco de su propia identidad. 





lunes, 9 de octubre de 2017

El secuestro de la bibliotecaria (Reseña)

Margaret Mahy (1936-2012) es una escritora neozelandesa cuyo oficio de bibliotecaria le permitió descubrir la magia del cuento, dedicándose posteriormente a la escritura de textos ficcionales para el público infantil. Su deseo de escribir literatura tomó cada vez más fuerza a través del contacto permanentemente con estantes y libros de la Biblioteca pública de Canterbury. En su escritura se destaca la combinación de acontecimientos cotidianos con situaciones sobrenaturales inusitadas, hecho que le dio un lugar en la historia de la literatura, haciéndola merecedora del premio Hans Christian Andersen, en el año 2006.

 Una de sus obras mejor logradas y mayormente conocida es The librarian and the robbers, y aparecida un par de décadas más tarde en la comunidad hispanoparlante con el nombre de El secuestro de la bibliotecaria. Título que tal vez anticipa más de lo que Mahy hubiera querido sobre la trama narrativa de la obra, pero en Venezuela es hasta el año 2001 que se conocerá a través de Alfaguara Editores en el conocido formato caracterizado por ejemplares verticalmente alargados. Viene ilustrada de la mano de Quentin Blake mediante carboncillos cuyos trazos invitan al lector a que aporte elementos con ayuda de la imaginación. Es así como llega a los lectores venezolanos una tierna y eficiente bibliotecaria llamada Ernestina, protagonista de la novela, para enseñar la importancia que tiene la biblioteca como sitio de acceso a la información y al conocimiento.
La historia inicia con el secuestro de Ernestina por parte de un grupo de bandidos, un día en el que realizaba su paseo habitual por el bosque, pero lo que los malhechores no saben es que acabarán siendo privilegiados del placer que ofrece la lectura de textos literarios. Esta experiencia de lectura oralizada y compartida por parte de la bibliotecaria –a quienes nunca antes les habían leído historias−, supondrá un cambio en la personalidad de estos bandidos, demostrando que la lectura tiene el poder de cambiar a quienes se acercan a esta. Sea cierto o no este planteamiento, para la autora resulta una verdad irrefutable, de manera que el relato presentará una serie de cambios en la vida de los malhechores que divertirá y sorprenderá a sus lectores, mientras que Ernestina revelará los aspectos generales del funcionamiento de una biblioteca, asunto que merece atención porque aunque vivimos en una época caracterizada por el elevado acceso a la Internet, esta no termina de sustituir la existencia de las bibliotecas.  
Un momento que impresiona por el modo en el que lo real se encuentra con lo fantástico ocurre cuando Ernestina, literalmente, introduce a Bienhechor -jefe de los bandidos- en un estante, como si se tratara de un libro. Lo hace para salvarlo de ser capturado por la policía. La bibliotecaria acude a su suspicacia y al conocimiento que tiene de su oficio para recordarle que sin la  tarjeta de préstamos de libros para el hogar, este no podrá llevarse a Bienhechor. EL bandido-jefe, convertido en libro, produce un estado de perplejidad en el lector, y esto supondrá una experiencia de particular disfrute.