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lunes, 11 de diciembre de 2023

EN TORNO AL SIGNIFICADO DE SER VOLUNTARIO

I PARTE: El voluntariado antes del voluntariado y la experiencia en sí

Entre octubre y diciembre del año 2019 tuve mi primera experiencia como voluntario. Por entonces desconocía casi totalmente el significado del voluntarismo, aunque -el tiempo lo confirmó- intuía su significado. Debo decir que había un motivo raíz que detonó mi decisión de moverme, introducir cambios que mejorasen y expandisen mi vida sacudida por la crisis política, social y económica que sacudía las bases de mi país de orígen. Pensé que viajar, aunque de entrada no significara una solución, sin duda me permitiría tener otras perspectivas.  

Con poco dinero en mis reservas, pero con la voluntad de permitir que aquella situación me permitiera cambiar revisé las opciones: mi mayor hermana había emigrado un par de años antes a México, y estaría contenta al re-encontrarnos. Aquí comenzó una minuciosa y paciente revisión de opciones ajustables a mi formación, talentos y habilidades. Quiero detenerme en este aspecto para destacar lo interesante de imaginarte más allá de tus fronteras y cómo este ejercicio aumenta el valor de tus conocimientos: una cosa es estar en tu área cómoda, pero otra muy distinta es cuando estás fuera de ella. Creo que es allí donde se puede apreciar el nivel de los talentos.

Encontré un evento internacional que se ajustaba a mi profesión, pero ya sabía que la misma había sido devaluada por la crisis nacional y que un país como México no tendría mucho que ofrecer al respecto de mi carrera. Sin embargo, fue precisamente esta tensa situación la que me hizo revisar otras opciones alternativas que no resaltaban precisamente el título de licenciatura, pero que conectaban con habilidades alternas que por simple curiosidad me dediqué a cultivar: había aprendido sobre cocina y cuando aquella crisis nacional arreció tuve que emplearme como suis chef  nocturno en los bares cercanos a mi casa de aquella época (hablo de Venezuela durante los años 2015-2017). Adicionalmente a ello tomé algunos cursos relacionados con kinesiología y en esos ratos en que el país se detenía por ausencia de gas, electricidad, agua y salario, me dedicaba a hacer lecciones de inglés.

México: mi experiencia como voluntario

Entonces encontré un anuncio en Facebook de una comunidad de bailarines de tango que disponían de un salón de clases de baile y de pequeños eventos en Coyoacán (Cdmx), así como de un hotel ecológico en Tepoztlán (Morelos). El anuncio requería voluntarios en múltiples áreas: animar, cantar, pintar, cocinar, hacer reparaciones, orientar conversatorios o instruír sobre algún conocimiento o habilidad. No recuerdo cláramente lo que ofrecían en este anuncio, pero no dudé en aplicar para la solicitud y 24 horas después tenía una respuesta en la que desearían tener una entrevista conmigo. (en situaciones como estas me produce seguridad y confianza que me ofrezcan una entrevista por videollamada con la debida antelación y en la que se establezcan los objetivos de la llamada. Con esta comunidad esto se cumplió, así que avanzamos).

Durante las video-entrevistas conocí el proyecto de la organización, su naturaleza libre, creativa y solidaria en cuanto a la promoción de las expresiones artísticas y con una amplia apertura al intercambio cultural. 

Aprobé como voluntario para hospedarme durante un mes entre Ciudad de México y Morelos, observar las clases de baile (aprender un poco de tango), cocinar para ellos (y aprovechar de ofrecer a buen precio algunos platos para los alumnos, lo que me permitiría obtener algunos ingresos que garantizaran mi permanencia allí: un ganar-ganar, digamos), colaborar (eventualmente) en la limpieza y organización del salón de baile; y algunos fines de semana viajar a Tepozlán para encargarme de la cocina de aquel eco-hotel. El trato incluía bono de traslado y ciertamente mi comida y hospedaje. 

Mi cocina en el eco-hotel

Algo que cobra valor cuando haces voluntariado en otro país o en otra región es tu gastronomía local, esos platos tradicionales que aprendiste directamente de los miembros mayores de tu familia. Creo que puede suponer una forma incluso de generar ingresos extra, lo que es bueno para todos, incluyendo al ofertante del voluntariado, porque le quita un poco la excesiva responsabilidad de cubrir las necesidades del voluntario.


Pepe, sobre el sofá, esperando
la clase matutina de yoga
En una experiencia de voluntariado se obtienen bienes intangibles: aprendizaje, reflexiones, mejoramiento de habilidades, momentos positivos de esparcimiento. Cuando la experiencia es verdaderamente positiva tu agenda de contactos debe añadir. El host (ofertante del voluntariado) debe estar abierto a mejorar su oferta con cada experiencia y corregir esos pequeños errores que pudieran causar malos entendidos. Es un proceso donde ambas partes pueden aprender.



Quentin (Francia) el día
que usurpó mi cocina
y nos dejó boquiabiertos
con la gastronomía de su país

Pintando muralito
En las vísperas de diciembre llegó un nuevo voluntario, pintor y dibujante de oficio. Su aporte consistía en mejorar la estética de algunos muros del espacio. Para entonces mis tareas comenzaban a orientarse a ir de la cocina a la recepción de los nuevos voluntarios. 


Los voluntarios podían integrarse a las actividades de la comunidad de bailarines y de maestros de baile, en esto radicaba el plus de intercambio que dio un sentido profundo a la experiencia (un voluntariado no es solamente un intercambio de trabajo por hospedaje: tanto el trabajo como el hospedaje son pretextos para conocer al otro, aprender del otro, pasar tiempo con el otro). 

Recibiendo a un escritor argentino
que nos dictó un taller de escritura de poesía

"Creo que la esencia del voluntariado es recordar que aunque el ingreso monetario es importante para la vida, existen experiencias de mucha importancia que van más allá de la obtención de un ingreso monetario o de un simple hospedaje por trabajo"


Expresiones corporales para
imitar y recrear
la belleza de la naturaleza

II PARTE Definición de voluntariado

El voluntariado es una actividad o un conjunto de actividades esencialmente altruistas y solidarias; es decir, no se fundamentan en una relación laboral o mercantil. Como actividad es libre y está fuera del conjunto de obligaciones, se lleva a cabo sin contraprestación económica y sin perjuicio al derecho de reembolso de los gastos del desempeño que la actividad voluntaria ocasione. Se desarrolla a través de organizaciones privadas o públicas con base en proyectos específicos.

Aunque la motivación de un voluntariado es netamente altruista, también se consideran otras motivaciones de caracter más personal. En este sentido el voluntariado es plurimotivacional. Es importante enfatizar que la vida no es solo altruismo y solidaridad, en este sentido podemos ampliar el sentido del voluntariado y conectarlo con variados intereses u objetivos personales como por ejemplo el desarrollo personal. El voluntariado también es, en este orden, plurifactorial. 
Independientemente de la variedad de razones que movilicen a una persona a hacer un voluntariado, este conserva el gérmen de colaboración e intercambio.

Dentro del sistema de valores (ejes que mueven una acción humana) presentes en un voluntariado se resaltan la fraternidad (compartir bajo la forma de la hermandad), sensibilidad humana (aprender a ponerse en el lugar del otro y empatizar), justicia, inclusión y equidad.

Sobre el perfil de un voluntario se destacan aptitudes adecuadas al objetivo del voluntariado en sí, tiempo libre suficiente, buena formación y disponibilidad para adquirir experiencia. Como actitudes debe ser discreto y respetar la privacidad, tener madurez (entendida como capacidad de desprendimiento), respeto a los demás, compromiso y paciencia, amabilidad y afectividad no invasiva.  

Esta amplitud de motivos de un voluntario puede igualmente estructurarse: (a) altruistas y motivacionales vinculadas al desarrollo personal, (2) motivaciones centradas en los demás (heterocentradas) y centradas en el voluntario (autocentradas), (3) motivaciones instrumentales (sumar y ampliar experiencias, crecer profesionalmente, conocer una realidad determinada). 

III PARTE. Nuevas expresiones del voluntariado en el contexto de la sociedad hiperconectada

A través de las Redes sociales y de la Web en general se ha ampliado una nueva forma en la oferta y la demanda de voluntariados en pequeña escala y para participar de la realización de tareas específicas. El acceso a la red ha permitido que no necesariamente personas jurídicas, sino naturales y sin tener algún tipo de asociación registrada; es decir, usuarios de la red que disponen de un proyecto de hotelería, restaurante, viviendas ecológicas, comunidades de artistas o de diversas profesiones y oficios, a menudo publiquen solicitudes de voluntarios. Por su parte hay usuarios que ofrecen su servicio como voluntario, señalando sectores específicos adonde quieren ir y lo que más o menos ofrecen y requieren. 

Esta nueva expresión del voluntariado, libre de la forma jurídica de una asociación sin fines de lucro, más personal que institucional, abre el marco tradicional de lo que en décadas pasadas significaba el volnutarismo, pero por carecer de estos marcos tiende en ocasiones a confundir el empleo, la remuneración a un becario y la recepción de un voluntario. Sobre este particular y con la idea de fijar límites más precisos convendría esbozar un voluntariado ideal en los tiempos que corren:

1. Son voluntariados de naturaleza heterocentrada (para ayudar a alguien en particular o a una comunidad en especifico) y autocentrada (responden a motivaciones personales del voluntario). 

2. Aunque no es remunerado, pudiera incluir de manera no obligante algún tipo de incentivo u oportunidad para que el voluntario reciba algún tipo de remuneración o extra. 

3. Si incluye trabajos que incidirán diréctamante en beneficios y ganancias para el ofertante del voluntariado, este debe garantizar condiciones para que el voluntario pueda permanecer durante el tiempo que realiza dichas tareas.

4. Si involucra la realización de tareas, el tiempo de duración debe diferenciarse considerablemente de lo que sería la cantidad horaria de un empleado o un becario.

5. Debe necesariamente incluir al menos un espacio de formación, aprendizaje, entretenimiento, intercambio, esparcimiento, interacción o adquisición de alguna habilidad.

6. Pudiera incluir al menos un beneficio adicional. Por ejemplo, "el voluntariado tendrá acceso a la pequeña biblioteca del hotel", "Podrá acceder al cuarto de cine en determinados horarios", "tendrá la oportunidad de ir con determinado grupo a conocer la zona turística", "podrá hacer una demostración de su habilidad ante un grupo", etcétera.

7. Destacar la presencia del voluntario, para que no se le confunda con el empleado que recibe una remuneración.


IV PARTE. Consideraciones adicionales y cierre

Las ofertas de voluntariado en Redes sociales, por carecer del caracter jurídico formal, implican que las partes estén muy atentas en cuestiones de seguridad. Sobre este asunto:

1. El ofertante del voluntariado debe ser muy claro y detallado en la oferta: Qué se requiere, para qué acciones específicas, por cuánto tiempo, condiciones específicas relacionadas con hospedaje,  alimentación e incentivo, qué beneficios recibirá el voluntario. Un ofertante confiable ofrecería enlaces y direcciones específicas del lugar, y  por lo menos una entrevista por videollamada previamente agendada en la que conoce al postulante y a quien le explica detalles del intercambio.

2. El candidato a voluntario debe verificar del usuario que hace la oferta: si tiene una cuenta personal con suficiente duración y en la que se puede apreciar su vida y actividades, el nombre en su perfil es su nombre real y no un pseudónimo. Estas características aplican también para el candidato a voluntario. 

Un aspecto importante, pero que usualmente se pasa por alto tanto en los ofertantes como en los candidatos es que no presentan en sus cuentas reseñas de las experiencias tenidas anteriormente. Sobre este aspecto creo que los usuarios de la red que incluyen tanto la oferta como la demanda de voluntariado pudieran añadir este tipo de información, configurándola como acceso fácil y directo y con facilidad de comprobación de la veracidad de la información.



REFERENCIAS CONSULTADAS 

Calo, Juan R. "Qué es ser voluntario". Plataforma para la promoción del voluntariado en España. 1995, Madrid.
Pedrosa Sonia. "La importancia creciente del voluntariado". Universidad de Zaragoza, 2001.
Yubero y Elisa. "Concepción del voluntariado desde la perspectiva motivacional: conducta de ayuda vs. altruismo". Revista interuniversitaria de Pedagogía social. 2002, Sevilla.

lunes, 15 de abril de 2019

Dios entre líneas

Escribo estas notas un día lunes de Semana Santa, a intervalos entre rememoraciones de las que extraigo mi propia experiencia de juventud sedienta recorriendo monasterios y casas de oración, con una Biblia que tiene una cubierta de cuero con cierre, hecho que la protegió de las inclemencias de mi adolescencia transhumante. Ha sido difícil para mí -al igual que para muchos- hallar un lugar en el mundo, pero en mi caso particular este conflicto acabó por convencerme de que mi existencia, si es en verdad inagotable, no pertenece a este mundo, ya que la lógica de la vida está signada por lo imperdurable: cuanto vive sobre la tierra, aún cuando tenga un lugar, está convocado a desaparecer. Por otro lado siempre he mantenido la confianza de que acaso en el cielo de Swedenborg que conocí a través de los laberintos borgianos, sí pueda haber un lugar con mi nombre, razón por la cual me hago bajo la luz de la racionalidad. La vida puede ser un péndulo que gravita entre la razón y la intuición.  
Debo reconocer que existe un tipo de lectura que no se apega a los procesos cognitivos inherentes al acto de leer, sino que sigue otro curso, porque no se efectúa a través de la vertiente de la racionalidad, una lectura que sosiega la mente y relaja el cuerpo, suscitando un silencio comparable a la experiencia de la nada. Esta lectura tiene el poder de trasladarte al Paraíso de los místicos Medioevales. San Juan de La Cruz describía el Reino como una infinita planicie oscura, en su poema teológico canta:

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dibujo / "Subida a Monte Carmelo",
otro poema de Juan de la Cruz

"Oh! noche oscura
con ansias 
en amores inflamada
oh! dichosa ventura
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada"






El signo que caracteriza definitivamente a esta lectura es el de la oscuridad, precisamente porque en su realización anula la luminosidad de la razón y se trata de un tipo de lectura antiquísima que tiene el propósito de conectar al alma con el Creador. Pese a su antigüedad y su extendida presencia en millones de lectores cristianos, ha sido desconsiderada por la racionalidad de Occidente. 

Durante la Edad Media, época en la que prevalecía el pensamiento escolástico, el cual determinaba la estructura de los textos a modo de argumento y refutación, se mantuvo una manera de encontrar a Dios entre líneas a través de la "Lectio Divina". De hecho, hasta el día de hoy su particularidad es tan manifiesta que los conversos, toda vez que tienen el libro sagrado -la Biblia, compilación de 66 libros que organiza temporalmente la historia de la salvación en dos colecciones: veterotestamentarios (del Génesis hasta los Salmos, dependiendo de criterios editoriales) y neotestamentarios (del Evangelio de Lucas, hasta el Apocalipsis)-, practican un modo de lectura que revela a Dios entre las líneas. Básicamente se resume en los siguientes pasos: 

(1) Busque un lugar tranquilo, "cierre la puerta"
(2) Dispóngase a tener un encuentro con Dios
(3) Pida al Creador que se revele a través de la lectura
(4) Lea despacio, identificando versículos que puedan estar dirigidos para usted
(6) Recítelos, permitiendo que la Palabra llegue a su corazón
(7) En un momento de silencio, medite qué le pide Dios
(8) Haga una acción de gracias por los dones recibidos

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José, interpretando los sueños
del panadero y el copero del faraón
Creo haber encontrado a Dios entre algunas de las lineas del texto que sostiene la historia de José, el hijo de Jacob (Gen, 37), y debo decir que mi Lectio Divina transitó por las líneas del texto a oscuras, atravesando el umbral de un irracional Paraíso, consciente de que la historiografía egipcia no menciona a ningún José dentro de su catálogo de faraones y sin poder siquiera colgarme de la creencia según la cual el relato se trata de una ficción, ese complejo convenio que permite a los lectores transitar por la vertiente de los géneros literarios. Lo que creí que Dios dirigía para mí tenía que ver con frases en las que se mencionaba la capacidad de este hijo de Jacob, vendido por sus hermanos como esclavo a los egipcios, para interpretar los sueños, un Don de Dios que lo llevó a servir al Palacio del Faraón, salvando al pueblo de la hambruna. 

Claro que los caminos de Dios son insondables, y mi vocación de pitoniso de los sueños no pasó de una colección de libretas en las que desde hace tiempo escribo mis sueños y los interpreto, al calor del primer café de la mañana. Es un texto de estructura convenida en el que escribo una minuta de lo soñado la noche anterior; junto a esta redacto otro texto acaso más breve e interpretativo y cierro mi primera escritura matutina con un texto de agradecimiento.

Ciertamente existen versículos concretos que definitivamente Dios ha inspirado para mí, pero como en toda relación de intimidad uno debe reservarse el derecho de admisión, considero políticamente incorrecto publicitar cuanto ocurre "de puertas hacia adentro", me limito entonces, responsablemente, a comentar uno de estos. Se trata de un versículo del conocido salmo 23 que cito: "Tú preparas una mesa frente a mí para mis adversarios" (Sal. 23, 5). Todavía recuerdo la forma de esta intimidad, mi perplejidad que pasaba del estremecimiento ascendiendo al estupor de contemplar semejante poder capaz de sentar a mis enemigos en mi propia mesa, ni qué decir de los propósitos de tal acto.

Todavía hoy pregunto cuando mi casa está -como canta Juan de la Cruz- sosegada: "-Creador: ¿acaso pones a prueba mi limitada capacidad de perdonar, sentando a mis adversarios en mi mesa?". La respuesta emerge de un ombligo cósmico y no es otra cosa que silencio. Yo creo tener la respuesta, mi respuesta es Él, porque a través de su Palabra puedo tenerle, y me sereno ante la idea de que mi alma va -como se camina por la vida- a oscuras y segura.


jueves, 20 de diciembre de 2018

Despensa vacía y biblioteca llena: El frankenstein navideño



I

El recuerdo más claro de mis navidades se puede simplificar en el signo de la abundancia: nevera y despensa repletas, un conjunto de platos típicos dispuestos; luces en el interior y exterior de la casa, ropa y objetos nuevos, celebraciones diarias.

Desde que mi curiosa adolescencia empezara a ser sustituida por una juventud acuciosa, disminuyó mi simpatía hacia las celebraciones, por lo que mi tiempo de Navidad significaba jornadas enteras en piyama, disfrutando el clima fresco de la época, contemplando las luces y la decoración alusiva, viendo películas y jugando video-juegos hasta altas horas de la madrugada. Luego, estos fueron sustituidos por lecturas que se organizaron con el transcurrir del tiempo en métodos más sistemáticos de revisión bibliográfica. Por aquellos días decembrinos la vida parecía perfecta entre la pantalla de la computadora, la biblioteca, la nevera y la despensa. Bastaba ir por un vaso de Coca-cola, una rebanada de pan de jamón y continuar con la faena. En la noche una porción de pernil horneado, pan de banquete y una hallaca, o simplemente una ensalada de gallina permitía una gustosa jornada nocturna de cine y lectura. Recuerdo en detalle la navidad en la que leí “Infancia de Mago”, de Hermann Hesse, comiendo la mejor ensalada navideña hasta ahora engullida, por cortesía de mi hermana Elizabeth, y así muchos libros, muchos filmes y una que otra nota.  

Progresivamente con la evolución de la web y la aparición de youtube, el asunto pasó a constituir un triángulo amoroso entre video, comida navideña y libro, disfruté el “Oliver Twist” de Dickens, indagué en la filmografía relacionada con el desdichado Oliver y amplié la pesquisa hacia lecturas comparadas, por ejemplo de Oliver con Lazarillo de Tormes, este último producto de la ingeniosa picaresca española. Las temáticas se fueron complejizando y variaron desde incursiones en el horror y la literatura fantástica hasta la novela del romanticismo. De modo que la Navidad ha sido una de mis épocas más fecundas como lector.

Sin embargo, la crisis económica venezolana ha imposibilitado mi sistema de asociación entre la práctica gastronómico-navideña y la lectura, y tal vez sea esta la Navidad más paupérrima hasta ahora vivida. Pero lo sorprendente es que la calidad y la cantidad de mi lectura no parece resultar afectada ante la carencia del pan de jamón, el panetón, el pernil horneado, la Coca-Cola y las hallacas; todo lo contrario, me las apaño con lo que haya: desde cualquier tipo de carne de segunda, algo de granos cocidos, arroz, pasta o verduras y así doblo la jornada. Y es que la lectura funciona como un lenitivo, un dispositivo que concentrando franjas extensas de nuestra atención y emoción puede arrojarnos a otro tiempo, a otras emociones, a otros mundos. Cuando cara a cara con el texto resultas fascinado, en realidad tu yo interior ya no está ahí, ha emigrado.

II

Estoy en Villa Diodati, en la mansión de Lord Byron, al norte de Europa. Es la noche del 16 de junio de 1816. Asisten Mary, Clara, Shelley y Polidori. No podemos salir de casa debido a una extraña y enigmática cortina de nubes grises que durante tres días ha teñido de sombra el ambiente, bajando notablemente la temperatura. Soy el viajero de otro mundo, el explorador que trepó del signo a la palabra, de la palabra al lenguaje, del lenguaje a la consciencia y desde ella, sin caer en cuenta, salté al vacío para abrir los ojos y ser convertirme en ficción. 
Hay una buena despensa de vinos, panes, encurtidos y quesos. Byron encabeza los banquetes y junto al fuego de la chimenea en el salón hacemos turno para recitar y cantar. 

Al rato, inmediatamente luego de un bostezo de aburrimiento, Byron nos reta a que escribamos cada uno un cuento de horror.

Ellos -a diferencia mía- están en un punto exacto del tiempo, su narración yace limitada y no son conscientes del impacto que supondrá para la historia su encuentro casual. Yo sé que esta noche, esta misma noche y en este lugar, las manos de los dos asistentes más jóvenes, inéditos, anónimos, aquellos de quienes no se esperaría nada, escribirán las dos pesadillas más inquietantes del hombre del siglo XX: Frankenstein y el vampiro. 

Ni siquiera son conscientes de la causa de la bruma en el cielo que impide que se asome la primavera: no saben que el monte Tambora, hace un año emitió toneladas de ceniza tóxica a la atmósfera y que este será el año más frío de todo el milenio, el año de 1816 no tendrá verano, sino frío, obscuridad y muerte. No advierten que en las próximas semanas las aves cesarán su trino, sus emplumados cuerpos helados rodarán, tiesos,  por el techo; los sembradíos se adormecerán, encorvando sus tallos hasta quedar yermos. Los salmones no saltarán en la cascada, sino que flotarán, a la deriva. El pillaje se abocará al asalto de carretas de trigo, se sacrificará, a causa del hambre, animales no aptos para el consumo, habrá hambruna y contrabando por el norte de Europa.

III

Pero yo no soy el único miserable allí, lo mío es apenas una condición económica que restringe la cobertura de ciertas necesidades; entre los invitados hay una chica de diecisiete años cuya mirada emana un dolor punzante. Es palida, de rizos dorados y nariz respingada; abunda en hermosura. Mary sufre la condena de amar a un poeta, recientemente vio morir a su bebé de hipotermia entre sus brazos, todo ello a causa de los excesivos derroches de su amado. La experiencia materna, para Mary, se resume a un libro escrito por su mamá que lee y relee, como si pudiera a través de la lectura asirla, traerla, y convertir párrafos en abrazos maternales. La madre de Mary –intelectual representante del anarquismo feminista– murió a los seis días de su nacimiento. Su madrastra nunca la amó y su padre la desheredó al ver que se fugaba con un poeta que además era casado.

Mary sabe perfectamente lo que significa vivir en forma de pedazos, anhelando el amor de los íntegros, los que se declaran vivos, perfectos. Para Mary la existencia es un monstruo cosido con distintos cadáveres y que a fuerza de imprimirle descargas eléctricas alcanza a vivir, anhelando el amor, la aceptación de los otros que en respuesta se horrorizan al verle, porque otra de nuestras condenas consiste en mirar las apariencias. Mary escribirá Frankenstein.

Polidori, médico de profesión, recibe constantes vejaciones de Byron, su inocente afecto hacia el poeta obnubila su juicio hasta agotarlo. Byron se aprovecha y muerde hasta dejarlo casi sin sangre. El amor de Polidori lastima porque pareciera inmenso, eterno. Polidori escribirá El vampiro.

IV

Lo que ocurre en Villa Diodati –desde mi cuarto de estudio en una casa con la despensa vacía– es inabarcable, imposible. La historia que desearía escribir sobre esta cadena de episodios inverosímiles, lamentablemente ya fue escrita de manos del colombiano William Ospina y constituye una obra tan completa que prefiero dejar ese proyecto de escritura cerrado.

Sin embargo aun queda mucho que escribir sobre la experiencia de leer y la posibilidad de compartirla digitalmente. Queda además –en el caso particular de los venezolanos residentes en el país– la calma y la inactividad propias de la carestía y escasez de servicios para que nos refugiemos en un plácido rato de lectura que nos recuerde que la vida también puede vivirse de pedazos, que habrá quien nos seduzca para luego, alzado sobre la base de nuestro más firme afecto, pretenda consumirnos, que dentro del corazón mismo de lo monstruoso habita una llama viva que nos mantiene cálidos, iluminados en su fuego, que somos simplemente humanos y que aunque la vida vaya mal, es a fin de cuentas, la vida.

A destiempo, a pedazos, escribo mi historia.


Por: Leonardo Bustamante

domingo, 4 de noviembre de 2018

El adiós de quienes se quedan

Cuando una nación entra en crisis, las casas se ensanchan, como si despertaran del largo  bostezo de viejas comodidades. Los que decidimos quedarnos nos sorprendemos preguntando a las paredes, interrogando a los mosaicos, impávidos frente al carro sin repuestos, escuchando ecos que provienen del fondo de la despensa. La soledad tiene un sonido difícilmente audible y entonces hay que esforzarse por asir la casa y entender.
Pero la cuestión se complica todavía más cuando descubres que, estando dentro de ella, traes otra casa por dentro. 
Hace semanas decidí invertir la función de las dos habitaciones de la mía: cambiar la que sirve de mini-taller y depósito por la que uso para descansar. Pues resulta que la dispuesta como taller y guardajo de objetos era la más espaciosa y de no haber hecho este cambio ni siquiera lo habría notado. Como consecuencia de este viraje ahora podré dormir "a mis anchas", como dicen los de mi terruño.
Claro que desalojarla significó una difícil tarea: viejos objetos, herramientas de mano, maderas, papeles, telas, fibras, una vieja máquina de costura que mi madre me entregó cuando la gracia de sus ojos comenzó a opacarse. El polvo, una vez extraído dio paso a un piso de mosaicos brillantes, coloridos, y hasta dos sillas y una mesa quedaron frente a mi nueva cama, y el espejo que generoso me ha prestado la función de perchero y que ofensivo me arroja la figura de un cuerpo enflaquecido.
Por alguna razón de tipo ascético decidí poner el gran colchón ortopédico de la cama matrimonial en el suelo, sobre sus tablas, prescindiendo de la armazón de madera que conforma la pesada cama. Llevaba días pensando que en efecto he logrado un viejo sueño de mi juventud: vivir como un abandonado anacoreta, liviano para que la vida no pese, ligero para andar adonde la brisa quiera llevarme, liberado de toda forma de autoridad y de poder, pero con la búsqueda de las palabras que quiebran a las palabras para reinventar el lenguaje y entonces convencerme de que es posible dejar algo cierto a la humanidad.
Al sentarme en uno de los muebles y evaluar, desde la contemplación, la cualidad del espacio, la otra casa, la más inmanente, a la que llamo "cuerpo", esta pidió un inusitado cambio. Tomé el teléfono celular y ubiqué el contacto de "ella", la que me dio más olvido del que ya me sobra, porque ha sido suficiente el olvido de mí. Presioné la tecla "borrar contacto".
La tarde cedió a un crepitar de lluvia que cantaron surcos de agua y de piedritas, similar al sonido de instrumentos ancestrales, todo eso en las amplias habitaciones de la vida. 

domingo, 19 de agosto de 2018

¡POR MIS SANTAS BARBAS!


Estos nuevos barbones circulan libremente por los centros comerciales del mundo y otros museos del consumo, pavoneándose ante la historia, y creyéndose más varoniles que aquellos que vivieron su barbuda vida entre la clandestinidad y las ergástulas. Aunque los clandestinos de antaño no tendrían más que un viejo jabón para asearla y mil sueños de una sociedad más justa y equitativa, una sociedad que aunque alienada por el tejido de las redes sociales, sigue en el fondo de sus rincones, soñando adormecida, un mundo más justo y más humano.



       De un tiempo atrás y hasta la orilla del tiempo presente, la fascinación por las barbas parece resurgir del fondo de un tenue pasado, poco claro al inconsciente de los latinoamericanos; y es que, a diferencia de los europeos, los del nuevo continente no disponemos de imaginarios epocales concretos en los que la mitad de los rostros varoniles estuviera teñida por los viriles y masculinizantes bellos faciales. Si acaso uno que otro héroe patrio o algún pensador aparecen inmortalizados por la pictografía histórica, luciendo épicas o intelectuales barbas, es obra de la fortuita casualidad.
Imagen relacionadaAntes bien, los hombres latinoamericanos cargan, lomo a cuestas, el signo del trauma de las décadas de los 60 y los 70’ en que lucir barba era señal equívoca de comunista, agitador, retardatario, panfletario, guerrillero urbano, cimarrón, extremista, y otros peyorativos de turno que podían convertir la vida de los felpudos portadores en una aventura no exenta de reales peligros entre los que se incluían detención y –si hubiere algún otro aditivo, como el del libro de un soviético dentro de la mochila–, tortura y desaparición. Puede imaginarse –con mayor rasgo de verosimilitud y menos risa– a varios barbudos caer desde las puertas de un helicóptero de la DISIP directo al fondo sin fondo del Mar Caribe; y es que las barbas, por muy sensuales, no mantienen el cuerpo a flote.
Pero este siglo, a diferencia del decimonónico y los siguientes, viene con nuevas combinatorias en el tejido social y no es cualquier cultura de la imagen, sino una peculiar forma en la que la imagen digital, líquida, abunda por las redes sociales, tejiendo nuevos imaginarios con la capacidad de establecer nuevos estereotipos, y empleando una lógica tanto más poderosa que performa a la posmodernidad como un espacio ubicuo: nuestra nostalgia del pasado es terrible y dolorosa, como la presencia de un padre muerto que asoma su fantasma.
Imagen relacionadaEsta posmodernidad –espacio sin tiempo, tragedia al mejor estilo shakespeareano en la que Hamlet, desde algún lugar de Dinamarca– exclama una definición que nos caracteriza: “¡The time is out of join!” (“El tiempo está fuera de quicio”). La condena del hombre posmoderno es la soledad y la desesperanza en el porvenir. Es tal vez esta la razón de que las redes sociales estén inundadas de la estética del vintage.
Lo avejentado, lo envejecido, constituye un intento de permitir la vida de lo nuevo y lo emergente, pincelado con efectos que le imprimen edad, quizá para engañarnos con la ilusión de una memoria. El vintage es una mentira se solapa como verdad en una época que pretende relativizarlo todo, incluso proclamas que en su esencia y expresión siguen resultando necesarias, vitales.
Desde el fondo, y decorada con trazos de un simulado pasado, aparecen hoy los nuevos barbudos, asomados al precipicio del presente: visten camisas de cuadros, botas de cuero (de la época del Harley D.), tatuajes con iconografías clásicas y luciendo barbas atendidas con recientes productos cosmetológicos. Tan antiguo resulta el simulacro que para lograr el efecto, usan hojillas tradicionales de afeitar, con cepillos de la época y todo. 
Estos nuevos barbones circulan libremente por los centros comerciales del mundo y otros museos del consumo, pavoneándose ante la historia, y creyéndose más varoniles que aquellos que vivieron su barbuda vida entre la clandestinidad y las ergástulas. Aunque los clandestinos de antaño no tendrían más que un viejo jabón para asearla y mil sueños de una sociedad más justa y equitativa, una sociedad que aunque alienada por el tejido de las redes sociales, sigue en el fondo de sus rincones, soñando adormecida, un mundo más justo y más humano.