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sábado, 13 de octubre de 2018

Rúbrica para evaluar un minicuento


Frente a la iniciativa de publicar los textos de los participantes del Taller de producción de textos ficcionales  en la Revista "Laboratorio de escritura" surge la responsabilidad de materializar una producción que reúna las condiciones más óptimas de cualidad y de calidad, esta situación motiva la implementación de instrumentos que establezcan indicadores de valoración.

La evaluación se garantiza democrática cuando se construye participativamente, el poder pierde su naturaleza alienadora y autoritaria cuando se cede al grupo, por su parte, tales aspectos garantizan un espacio democrático, solidario, metacognitivo en tanto que son los participantes quienes establecen qué es lo que decidirán apreciar de sus productos.

Con los aportes de Ricardo Piglia (en Formas Breves), de Horacio Quiroga (en "Decálogo del perfecto cuentista") y de Violeta Rojo (en "Breve manual para reconocer minicuentos") y con el libro  "Rúbricas y otras herramientas para desarrollar la escritura en el aula" (Comp. de Carmen Sotomayor, Natalia Ávila y Elvira Jéldrez), los participantes del "Taller de escritura de microrrelatos" elaboraron la siguiente Rúbrica para evaluar un minicuento:

Dimensión
NIVELES
1
2
3
Adecuación
El ritmo narrativo no se corresponde con la intensidad y la velocidad  de un minirrelato
El ritmo narrativo tiene poca correspondencia con la intensidad y la velocidad  de un minirrelato
El ritmo narrativo se corresponde con la intensidad y la velocidad  de un minirrelato
   Las palabras no parecen  planificadas y bien ubicadas en los textos
   Las palabras en ocasiones parecen planificadas y bien ubicadas en los textos
  Las palabras empleadas fueron planificadas y bien ubicadas en los textos
Los minicuentos no presentan información suficiente para que el lector construya el sentido
El minicuento presenta una parte de la información necesaria para que el lector construya el sentido
La información contenida en el minicuento le da al lector todos los elementos necesarios para la construcción del sentido
coherencia
El minicuento no tiene un sentido global que le permita al lector comprender lo que el escrito quiere transmitir
El sentido global del minicuento resulta difícil de comprender para el lector
El lector encuentra a través de la totalidad del minicuento un sentido global que le permite comprender de qué se trata y qué quiere transmitir
Cohesión
El rminirrelato no tiene un uso conveniente de los conectores
El minirrrelato presenta un uso en ocasiones adecuado de los conectores
El minicuento presenta un bueno manejo de los conectores del lenguaje
Estructura
El texto supera la cantidad de 500 palabras
El texto tiene poco más de 500 palabras
El texto tiene la extensión acordada de 500 o menos palabras
Apreciaciones adicionales:









Puede descargar este instrumento a través de: https://drive.google.com/open?id=1KYPmMNscezM2Kl6RtqGSbCBE4xLLDNzS

miércoles, 3 de octubre de 2018

¿Escribir y evaluar un cuento de horror?


Shiranui Kitanroku (s/f)
El siguiente artículo, aunque se intitula a modo de interrogante, no pretende saciar la sed de dudas sobre cuestiones tan antiguas de la humanidad, y abordadas desde diversas disciplinas del pensamiento, me refiero al género del cuento y al sentimiento psíquico del horror. Procura más bien contar una experiencia en la que bordeamos la posibilidad de valorar la calidad de un escrito de horror producido bajo el umbral del siglo XXI, como lectores críticos y escritores cooperativos que hacemos vida en una ciudad andina de un país latinoamericano.

En efecto, la aventura de haber iniciado un taller de estudio y producción de narrativas del miedo bajo la tipología ficcional del cuento ha representado un interesante y agotador reto de escritura, considerando que el tema del horror constituye un género altamente explotado por la industria cinematográfica y el mercado editorial. La lógica del mercado ha sabido recurrir a la compleja emoción del miedo, fijando simbólicas, modos, estándares; de manera que desde un punto de vista práctico, al producir un cuento de horror uno teme reincidir en temas y maneras previamente utilizadas, eso que coloquialmente llamamos "refrito". El  género del horror adolece de originalidad. 

Dichas preocupaciones manifiestas a lo largo de nuestra tarea de escribir un cuento del género obligó la incorporación de amplias miradas a partir de la teoría del horror durante el taller, comenzando por lo históricamente inmediato y cercano: el terror en las sociedades avanzadas, concretamente el modo el el cual los medios de información y televisivos generan miedo en el mundo de hoy. Desde una mirada panorámica, retrogradamos en el tiempo desde la Modernidad y en dirección al Renacimiento, la Edad Media, hasta tocar el horror cósmico, ligado a los albores del universo, tal como lo palpaba Lovecraft en sus noches tejiendo monstruos míticos, genealógicos, originarios. Ciertamente, es el Medioevo un poderoso generador de imaginarios extendidos hacia la Novela Negra o Gótica, que fueron desparramando hacia las urbes contemporáneas a vampiros, súcubos e íncubos, brujas, hechiceros, zombies y un alfabeto de demonios imaginados desde la escolástica. 

Ilustración de John Kenn Mortensen (1978)
 A través del intercambio solidario de opiniones como método de construcción de verdades, progresívamente identificamos un quiebre en las narrativas del miedo que parte en dos la historia del horror. Este quiebre se caracteriza por la persistencia de un discurso muy actual y sugerente según el cual se advierte que el horror del hombre contemporáneo yace dentro de sí mismo; dicho en un código más filosófico: el horror es una experiencia que acontece en el fondo del sí mismo bajo identidades ambiguas que procuran sobrevivir en medio de una sociedad vertiginosa, líquida; virtual, si se quiere. Pareciera que en la medida en que el mundo contemporáneo se fue haciendo más laico y escéptico, fue borrando la representación del horror como un monstruo externo, para introducirlo dentro de la existencia cotidiana de los hombres, mucho más cercano a nosotros mismos y a lo que somos. Ya no nos horroriza la personificación de satanás; por el contrario, nos atemoriza aquello que podemos resultar usted y yo bajo el signo de lo onírico, la locura, la peste, el desasosiego, la incertidumbre. El horror en la actualidad tiene como epicentro a la vida íntima y cotidiana de cada ser, y se desencadena a través del crimen, la violación, el abandono, la locura, la desesperación, la melancolía, el insomnio, el sueño, el duelo, el terrorismo, la endemia, el desastre natural, el calentamiento global, la enfermedad de transmisión sexual, el abuso de poder, los actos de pedofilia debajo de las sotanas, el totalitarismo de Estado y la homofobia.