domingo, 15 de marzo de 2020

Taller: "Perfeccionando habilidades de lectura"

El taller ofrecerá un espacio ameno para que intercambies tus preferencias y experiencias con otros lectores, leeremos juntos, presentaremos nuestros libros favoritos u obras que sean de nuestro interés. Concienciaremos la presencia de la lectura en nuestra vida, conoceremos aportaciones científicas sobre los procesos de lectura, practicaremos la lectura oralizada con pautas proxémicas y de oratoria que desarrollarán tu sentido de la audiencia al momento de leer en público. Juntos nos haremos mejores lectores.

¡Arre!





viernes, 7 de febrero de 2020

El taller de Allan

Guadalajara, 08 de febrero del 2020

Taller de estudio y producción de cuentos

Inicia el 17/02. En Amate Editorial
Dirigido a:
Jóvenes y adultos
Institución patrocinante:
Amate Editorial

Objetivos:
Promover la lectura y escritura de relatos literarios:
- Analizar la teoría general del relato a partir de una historia que se pretenda escribir
- Compartir la lectura amena y solidaria de cuentos de autores locales, nacionales y mundiales
- Preparar un texto del género cuento que será publicado por Amate Editorial 

Duración
24 horas (1 encuentro semanal de 2 horas.)

Horario
Lunes, 07pm a 09pm 

Inscripción y selección de los participantes

El proceso de inscripción se realizará a través del formulario alojado en el siguiente enlace: https://forms.gle/yNSaHCbWsXdTCDXU7. Cubierta la cantidad de 22 participantes, los restantes estarán en lista de espera y serán convocados según orden de inscripción en caso de que los primeros inscritos se retire(n).

Costos de participación:

300$ al mes.

Metodología

A través de procesos de lectura cooperativa (también denominada solidaria) que faciliten una mejor comprensión de lo literario presente en la estructura de los relatos, del análisis de la teoría general del cuento y de la revisión de referencias diversas (conferencias, documentales, cine, podcast) que profundicen sobre el proceso de creación literaria y los procesos técnicos de composición de un relato, cada participante llevará a cabo, conforme su propio ritmo creador, la planeación, redacción y edición de un texto del género. 


Temario
Módulo 1 (febrero)
-Teoría del cuento latinoamericano: aportaciones de Horacio Quiroga, Julio Cortázar y Ricardo Piglia
-La ficción explicada por las neurociencias
-Conversatorio: qué diferencia a un escritor experto de uno novato
-Debate: ¿Es la literatura un resultado esencial de la inspiración?


Módulo 2 (marzo)
- Extrañamiento y desautomatización en el lenguaje literario 
-Inversiones y laberintos en los cuentos de Kafka y Borges
-Panorama histórico del horror. Formas del enigma en los tiempos que corren y diseminación del horror en la literatura 
-Culturas orales, lo oral en la narrativa: Narraciones extraordinarias (Poe), Llano en llamas (Rulfo) y Cartuchos (Campobello)
-Cine-foro: -Cine-foro: Barton Fink (Coen brothers), The Killing of a sacred deer (Giorgios Lanthimos) o Un cuento chino (Sebastián Borensztein)

Módulo 3 (abril)
-Introducción al proceso de escritura. La escritura como "trasvase" del pensamiento. 
-Panel: ¿Se planea la escritura de un cuento? 
-Conversatorio: escribir hoy, 60 años después del boom latinoamericano 
-Instante creativo y materialización de la producción narrativa
-Problemas retóricos del proceso de escritura: pensar el lector (audiencia). 



Bibliografía sugerida:
Piglia, Ricardo: “Formas breves”
Volpi, Jorge “Mentiras contagiosas”
Quiroga, Horacio: “Decálogo del perfecto cuentista”
Teun V. Dijk: “Introducción al análisis estructural de los relatos”
Cortázar, Julio: “Del cuento breve y sus alrededores”
Monterroso, Augusto: “La oveja negra y demás fábulas”
Benedetti, Mario: “La muerte y otras sorpresas”
Rulfo, Juan: “Llano en llamas”
Campobello, Nellie: “Cartuchos”
Freud, Sigmund: “Lo ominoso”
ETA Hoffmann: “El hombre de arena”
Hannah Arendt “La banalidad del mal”
Allan P., Edgar: “Narraciones extraordinarias”
Shelley, M. “Frankenstein o el nuevo Prometeo”

Tallerista: 

Leonardo J. Bustamante
ljbr111280@gmail.com
www.comounapalabra.blogspot.com

jueves, 25 de julio de 2019

NARRATIVAS DEL CRIMEN: Taller de estudio y producción de textos policiacos



A quien va dirigido
Adolescentes a partir de 16 años y adultos

Cómo inscribirte  

    Puedes realizar el registro a través de: https://forms.gle/mTExzWgHwnnuXXCb9. Recibirás información sobre el aporte monetario y la certificación. Cubierta la cantidad de 15 participantes inscritos, los restantes estarán en lista de espera y serán convocados según orden de inscripción en caso de que los primeros inscritos se retire(n).


  
Objetivo general
Promover la lectura del género policiaco y la escritura de textos afines al género

Objetivos específicos
-         -Conocer las diversas manifestaciones del género policiaco y de intriga
-         -Identificar elementos estructurales de la intriga, el enigma, suspenso, y horror dentro de la narrativa de crimen
-         -Diseñar un proyecto de planeación, textualización, edición y publicación (opcional) de un relato policiaco, negro o de intriga

Metodología
  A través de procesos de lectura cooperativa (también denominada solidaria) desarrollaremos realizaremos un acercamiento teórico y literario sobre el género policial y algunas de sus variantes, conforme sean identificados elementos de la estructura narrativa del género los participantes producirán un cuento


***

REFERENCIAS SUGERIDAS

TEXTOS NARRATIVOS DEL GÉNERO POLICIACO O NEGRO
Díaz E., Ramón: “La oscura memoria de las armas”
Doyle, Conan: “Estudio en escarlata”
J.K. Chesterton: “La incredulidad del Padre Brown”
Poe, Edgar A.: “Los crímenes de la calle Morgue”

CÓMICS
Guarnido y Díaz Canales: “Blacksad” (Novela gráfica), I, II y III

CINE
Coen Brothers: “Fargo”
__________: “Not Country for Old men”
Frank Miller: “Sin City”
Billy Wilder: “Sunset Boulevard”
__________: “Doble idenmnity)



TEORÍA
Araujo, Orlando: “Venezuela violenta”
Bravo, Víctor: (“Relato policiaco posmoderno”). En “El señor de los tristes y otros ensayos”
Corbatta, Jorgelina. “Narrativas de la guerra sucia en Argentina: Piglia, Saer, Valenzuela, Puig”
De Quincey, Thomas: “sobre el asesinato considerado como una de las bellas artes”
Piglia, Ricardo: “Lo policiaco” (En “Crítica y ficción”)
Quiroga, Horacio: “Decálogo del perfecto cuentista”
Volpi, Jorge: “Mentiras contagiosas”



Leonardo J. Bustamante
C.I. V-15027705

viernes, 7 de junio de 2019

EL RARO SILENCIO BAJO EL GRITO


I
Era mi costumbre contemplar el ritual con el cual Keko tumbaba las persianas metálicas de la cantina del Liceo, mientras sorbía el “cunche” de café negro que me había guardado del termo. Al salir de la cantina me entregó una carpeta con las tareas de uno de mis alumnos. Ese día mi esposa tenía guardia en el hospital y mi hija pasaría la noche con sus abuelos maternos, así que no tendría tanto sentido llegar temprano a la casa inhabitada, esto lo entienden los que no tienen más de cinco años de casados, para los que el amor no ha tomado la forma de la rutina y abren los brazos a la casa vacía como una forma de paraíso. Mi caso era el contrario; o sea, un vacío de las dos flores del jardín de un romántico y sensible todavía recién casado.
Al abrirla y ver los dibujos de Ender N. recordé los trazos de una experiencia adolescente amarga que creía olvidada. En el Liceo más grande de la ciudad donde impartía clases de literatura, escuchaba apenas el rumor provocado por las hojas de los apamates del parque que me traían otra vez el olor vegetal que por años rehuí.
Había una nota en el interior del ala izquierda que decía: “Profesor, los tres dibujos son los que incorporamos al ensayo a propósito de la poética del rock en las canciones de Marilyn Manson”.
Recordé la visita de la mañana de los padres de Ender, preocupados porque el muchacho desde que comenzó a escuchar “a ese asqueroso rockero” pasaba más tiempo encerrado en su cuarto y ahora parecía atender menos las canciones clásicas que eran parte de su formación musical como violinista de la Orquesta sinfónica juvenil. Por una extraña razón el padre me parecía conocido a partir de un raro silencio bajo el tono de su voz, similar al de quien oculta algo, pero el motivo serio de la reunión elidía cualquier expresión mía de familiaridad, a cambio, debía mantenerme objetivo y pedagógico:

“–el muchacho está investigando un tema de su interés, él mismo lo eligió y yo funciono como adulto que acompaña el proceso… No se preocupen por su comportamiento que puede ser normal en la adolescencia”.

Cuando Ender se incorporó a la reunión para manifestar su punto de vista, esta tomó un giro inesperado. Fue tan cabal, directo, lacónico e incuestionable su participación que la transcribo literalmente:

“ –profesor, lo voy a decir con todo respeto: ellos se preocupan exageradamente por mí para evadir los problemas que tienen en relación con su proceso de divorcio, sobre todo mi papá que ya tuvo un divorcio”.

Disfruté con total disimulo el desencajamiento en las caras de los “cónyuges” al oír la frase, entre otras cosas porque siempre he gozado los estados de rebelde lucidez con el que usualmente brillan los jóvenes, así que rematé la reunión garantizando mi atención al muchacho.

Pero volviendo a los dibujos, en general se enmarcaban dentro de la estética del trash, con trazos deliberados, transgresivos, de manos humanas abiertas, heridas en sus palmas y desproporcionadas en relación a cuerpos que sostenían enormes cabezas de conejos con miradas profundas. Lo más parecido de este ahora musical de los adolescentes actuales con mi pasada adolescencia es la canción “Heart-Shaped Box”, de Nirvana, pionera en el desarrollo de esta estética y que Manson “involucionaría” con sonidos recuperados del metal industrial, echando por tierra la posibilidad del grunge que dio forma a una década muy fecunda para el rock alternativo.
Un cuervo sobre la copa del árbol más alto del parque gritó para atenuar el último rayo vespertino, mientras las campanas de la Iglesia San José anunciaban la Misa de seis de la tarde, y yo me detuve a contemplar en concreto la presencia de solo tres dedos en cada mano que se ofrecían como una caricatura grotesca, recordando aquella edad mía, mía pese al negro plumaje del recuerdo aciago.

II
Esa mañana me aseguré de guardar las llaves, dejando el llavero del Mundial Italia 90’ sobre el bolsillo de mi pantalón, era una figurita humana de cubos rojos y verdes con una cabeza de pelota de fútbol que seguía siendo la envidia de mis compañeros de clase del Liceo. La chaqueta “University” y la guitarra venían, porque hacía frío y era el día de práctica musical con la estudiantina.
Desde la ventana del salón se podía observar a lo lejos la edificación como un lóbrego rectángulo de bloques interrumpidos por dos torres neogóticas que comprendía el colegio de femeninas, entre una niebla que advertía la llegada de la época decembrina. La nueva chica, desmoralizada por su expulsión del Colegio de monjas nos pareció extraña por el largo de su falda que llegaba a rozarle los tobillos.
Julieta no extrañaría más la novena al Niño que acompañaba las Vísperas, ni el rosario de los viernes, tampoco yo extrañaría al niño que se despediría para siempre para recibir a un hombre descubierto bajo una falda larga de colegiala interna, y los cuatro días de fugas de clase para ir a fumar y rosar la lengua húmeda bajo la necedad amarga de la nicotina.
Enloquecí cuando a la cuarta mañana apareció con la falda recortada y desafiante, dos dedos más arriba de los muslos que la de Karly Figuera, pero el instante de enigma fue interrumpido por el grito del Director Jaime Edecio que nos anunciaba una expulsión de tres días que extrañamente no me preocupó, porque nos arrojó a Julieta y a mí a tardes enteras juntos.

Los padres de Julieta parecían bastante entretenidos en los líos de su divorcio y yo fui el primer amigo que ella llevó a su casa. Se trataba de un casona vetusta de portón desvencijado ubicada al fondo de la Zona Industrial, tenía en el estacionamiento tres vehículos antiguos que el papá planeaba restaurar para fines de colección, tarea que había postergado por años, según me decía la excolegiala, mientras me mostraba unos dibujos que bajo la inocente apariencia, escondían una tendencia obscura que vine a entender al final de los acontecimientos que motivan la producción de este relato.
La casa parecía rendida ante la invasión vegetal, el área verde que la rodeaba y que alguna vez pudo haber sido un jardín, estaba lleno de abrojos que invadían el metal, vidrio y concreto de la vivienda. Yo prefiero no revelar el nombre del padre, sobre todo porque fue esta mañana, después de dieciséis años, que vine a comprender como puede incubarse lo demoniaco bajo la forma del abuso. Eso sí, algo que nunca me he podido quitar de debajo de los tabiques nasales es el olor del musgo creciendo sobre las ruedas sin aire del Mercedes Benz 1937 Edición especial, un olor que permanece dentro de las paredes de mi nariz, obsceno, con un salvajismo vegetal que se confundió con la humedad de Julieta cuando exploramos, sobre un asiento de carro milagrosamente conservado, aprovechando la siesta etílica del padre.
Era mi primera vez y nunca pensé que no lo fuera para una ex-novicia arrojada del “paraíso”. Nadie se pregunta lo que siente un hombre la primera vez que hace el amor, en general el mundo gira de espalda a las emociones que los atraviesa, y es una pregunta prohibida: estamos condenados a carecer de sentimientos, por el honor de una “masculinidad” convenida.
Por fortuna ya estábamos fuera del cacharro cuando oímos unas palabras venidas del fondo de la casa. Eran del padre de Julieta y tenían un raro silencio bajo el grito, como del que oculta algo.
Primero fueron los dibujos, papelitos mínimos dentro de mi bolso del Liceo, luego entre mis bolsillos, como apariciones sorpresivas y desconcertantes que me estremecieron de miedo cuando la tradicional mañana de limpieza sabatina hallé bajo el armazón de mi cama, entre mi gaveta de noche y estratégicamente entre mi cuaderno de poesía. Esa noche no me senté en el borde de la ventana a practicar el riff de la guitarra de Kurt, sino que cerré la persiana, asegurándome de que me negaran ante cualquier llamada.
A la mañana siguiente mi madre me despertó con el santiamén de que cómo era posible que me llamaran a medianoche, que quién era la tal Julieta y cuál sería esa “urgencia” por la que debía devolverle la llamada. Expliqué, acudiendo a la máxima de economía del lenguaje, que se trataba de alguien que me había prestado el cuaderno de química, materia pendiente para la que estaba preparando el siguiente examen.
Mientras desayunábamos, observé el espacio que dejaba el hilo desprendido del mantel sobre la mesa y bajo el vidrio, para quedarme sin aliento al encontrar otro de sus bocetos diminutos, junto a una foto de mi hermana mayor y mis dos sobrinos, conteniendo el aliento, con el corazón a punto de estallarme debajo del pecho.
El lunes, a las siete de la mañana, como era costumbre, me sorprendió que la bandera en el patio central del Liceo se izara a media asta, la somnolencia me impedía hacer contacto visual con mis compañeros que –entre un extraño silencio– esta vez no se apretujaban inquietos en la larga columna de la sección; pero el bostezo se transformó en mueca de horror cuando oí del director Edecio: “hacemos un minuto de silencio por la trágica muerte de Julieta, estudiante de 4to “D”, hecho que es motivo de consternación para su familia y para la comunidad del Liceo J.A… En tan poco tiempo que estuvo entre nosotros, Julieta  rápidamente se hizo parte de nuestra familia Liceísta…”.

Su pupitre vacío no escapó a mi contemplación, mientras no sabía qué hacer con sus dibujos que finalmente fueron a dar a la papelera del baño de varones, rotos en mínimos pedazos, tirados con sacudidas de quien toca un animal de cuerpo viscoso, para asirme durante los próximos meses a mi guitarra, encerrado durante largas tardes en mi habitación, concentrado en no hacerme nunca aquellas preguntas, leyendo literatura para evadir, trepando por otras historias que aunque ficcionales, parecían reales, como la vida.
Desde el baño escuché los comentarios venidos del pasillo que narraban un cuerpo hinchado que en el patio de la casa y que el borracho padre descubrió, entre los matorrales, colgado bajo el brazo de un árbol enfermo.

III
Pasaron casi seis años para que volviera a acercarme a una chica, esta vez en el coro de la universidad donde cursé la carrera de licenciatura en educación, y en una casona que junto a unos compañeros de clase decidimos alquilar más por ocio que por otra cosa, cercana al campus. Allí, Vanessa, ante mi mar de dudas, me preguntó si podía ayudarme a “acabar”, a lo que expresé un cómplice no mientras me vestía, esquivando el olor a hongo que retornaba imponente, haciéndome creer que el embrujo y la maldición son pertenecen al corazón de la tierra.

IV
El timbre de mi celular interrumpió la contemplación del tercer dibujo que terminaba con la firma de Ender N. Orejuela. Allí, entre la dulce voz de mi esposa preguntándome cómo estaba y poniéndome al día respecto al ritmo de su guardia en la emergencia del Hospital Central, caía en la cuenta de la coincidencia del apellido de mi alumno.

Otra vez Julieta Orejuela aparece clara desde el fondo de mi olvido para estremecerme… Y lo juro, todavía me pregunto si alguna vez en toda la vida ella pisó mi casa materna, pero estoy seguro de una respuesta y esta es no.


Se terminó de escribir en San Cristóbal, el 07 de Junio del 2019
Leonardo Bustamante

jueves, 25 de abril de 2019

CON OJOS DE GATO NEGRO: educar con la narrativa del horror




I


Ese lunes iniciaba la época de lluvias, el cielo estaba particularmente gris, las gotas resbalaban por las ventanas del salón de clase y hacía frío. Verbalizar a la audiencia la primera frase del cuento bastó para introducirme en el personaje. Se trataba de una edición en formato tabloide, papel glasé, ilustrada que contenía "El gato negro". Había un sabor extraño, una noción de idea prohibida –como como quien corre directo hacia el infierno– en esta locura de empezar el lunes de la semana dedicada al libro leyendo a un maldito.

Al terminar de leerlo se hizo silencio. Yo admiro ese particular silencio que nos deja una lectura una vez que nos complace o nos confronta. Un estudiante levantó la mano para manifestar que nunca había leído un cuento de horror. Otro intervino para hacer afirmaciones en torno al relato.

Pero la pregunta de uno determinó el curso de la clase:
¿Por qué leemos a un asesino que mata a sus mascotas y a su esposa? ¿Está eso bien?

Yo había tenido la precaución de leer la biografía del autor en la que se señalaba: "pertenece al romanticismo".



II



Desde la Edad Media hasta el Renacimiento, la humanidad no pudo mirar más allá de la interpretación católica de la vida y del mundo, estamos hablando de poco más de 500 años en que se mantuvo un veto a la racionalidad. Dicho con palabras de uno de mis alumnos: la única luz era la de los vitrales de las iglesias.

Pero el romanticismo rompió esas ventanas y la gente comenzó a escapar de los fríos muros del pensamiento escolástico para ir directo al bosque a plena luz del día. Lo importante del romanticismo es el giro drástico, la revolución implicada: dejar de mirar a Dios para mirar al hombre.

La proliferación de los discursos liberó siglos de represión sostenida, el hombre comenzó a verse claramente y esto derivó en una mirada más auténtica sobre la naturaleza interior del hombre.

¿Será por eso que la esposa del protagonista -con la cabeza del gato-. emerge del fondo de los muros, irradiando un horrendo brillo desde el ojo felino? Preguntó un estudiante, uno que no había hablado.



Librándome del error de imponer solo una interpretación sobre el texto analizado, seguro de que la mayoría de las preguntas son respuestas -hecho por el cual evito como profesor hacerlas-, y contra la pésima costumbre del sistema educativo de tener una explicación lista todo, guardé silencio.



III



El horror es un pedagogo de la sociedad, un fenómeno que organiza y transmite de sabiduría. Así lo vivió Occidente en concreto a partir del pensamiento helénico. El hombre griego asistía al teatro a horrorizarse con la trama, comprendiendo el peligro que aguarda el irrespeto al designio de los dioses. A partir de esta idea es que el horror empieza a conformar los límites de lo prohibido.



El horror, entendido como límite de lo prohibido es de suma importancia en la construcción de ciudadaníaS (enfatizo el plural, porque apelo a la pluralidad como un principio insoslayable de una sociedad que participa de multiplicidad de puntos de vista).



Con el tiempo, el desarrollo del pensamiento a partir del psicoanálisis le dio, a través de Freud, una condición atrevida e importante al proponer que "El horror se manifiesta en lo familiar" (heimlich/unheimlich).



Lastimosamente, los medios de comunicación son actualmente los principales proveedores de narrativas que no se prescriben a la ética, sino a los intereses de un pequeño grupo encargado de construir verdades que favorecen el sostenimiento de su status quo. En nuestra época el miedo se reduce a ser víctima de una pandemia, objeto de un ataque terrorista y al abuso de sacerdotes pedófilos, lo que está de fondo es un catálogo de intereses que van desde las trasnacionales de la farmacéutica, pasando por la concepción -caduca a mi juicio- de la idea de un Estado poderoso destinado a brindarnos protección (ese Leviathán sobre el que escribió Hobbes), hasta una campaña contra la Iglesia católica para el favorecimiento de un sector empresarial sumamente poderoso que se aglutina bajo el evangelio como un elemento cohesor, lo que asegura su lugar dentro del privilegio y el poder.



IV



Pienso en un currículo de enseñanza de la literatura para jóvenes que restituya la importancia ética que tiene el horror a través de sus diversas expresiones estéticas. He visto el gusto compartido en aula mediante la lectura de "Carta al padre" de Franz Kafka, porque en el seno familiar la sombra autoritaria del padre sigue arreciando a través de la aparente sutileza.



Pienso en textos de Charles Bukowski, ese maldito de la literatura cercano a nuestra época que criticó al sistema y que trazó líneas llenas de ternura en medio de la locura y la transgresión



Pienso en E.T.A. Hoffman con su "Hombre de arena", en la maldad del Dr. Frankenstein y en la ternura de su monstruo, pienso en los versos proscritos de José Antonio Ramos Sucre, en la importancia de leer la locura, el crimen y la muerte, para aceptar que lo humano sigue aun en proceso de humanizarse.



Pienso que gracias a los horrores es que valoramos la paz y la vida, y que esta razón basta para que nos acerquemos, con la debida responsabilidad, al horror.




Leonardo Bustamante
ljbr111280@gmail.com